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Irán: 42 años de un brillo que no se apaga

La Revolución Islámica de Irán constituye uno de los sucesos históricos más relevantes del siglo XX y que tras 42 años sigue signando la política internacional.

Existe consenso absoluto, entre amigos y enemigos de la Revolución islámica de Irán, que esta constituye uno de los sucesos históricos más relevantes del siglo XX y que 42 años después sigue signando la política internacional.

Una revolución que logró alterar el sistema global bipolar surgido de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial. Una revolución masiva, popular, convocante muy distinta a cualquier otra revolución que haya tenido nuestro planeta. Una revolución triunfante bajo un liderazgo potente, reconocido y respetado como fue el del Imam Jomeini. Un movimiento que cambio la correlación de fuerzas hasta entonces imperante en la zona de Asia occidental y central, que sacó a la nación persa del dominio estadounidense situándolo en la vera de la historia de las naciones soberanas. En el análisis comparado la revolución islámica de Irán es un proceso original, distinto a esas revoluciones en base al llamado foco guerrillero latinoamericano, movimientos de liberación nacional como en Argelia o países africanos y asiáticos sometidos al colonialismo.

Una Revolución, digna representante de aquellas manifestaciones propias del espíritu revolucionario del pueblo iraní, donde los conceptos de independencia y justicia son visibles: el movimiento tabacalero de fines del siglo XIX. El movimiento constitucional (en la primera década del siglo XX) y el movimiento para nacionalizar la industria petrolera, que significó la presencia de servicios de inteligencia occidentales al servicio de los poderes proccidentales opuestos a que Irán se hiciera dueño de sus riquezas naturales. Estados Unidos y sus servicios de inteligencia, como la CIA (creada el año 1947) hicieron de Irán un campo de prueba, para derrocar gobiernos que no seguían su predicamento.

Efectivamente, el año 1951 se elige primer ministro de Irán a Mohamed Mosadeq, quien intentó en agosto del año 1953 nacionalizar la industria petrolera. Ese mismo mes, el Sha firma un decreto por el cual destituye a Mosadeq, bajo órdenes de Washington, decisión resistida por la población obligando a Mohamad Reza a huir con destino a Roma. Durante el transcurso de este proceso el jefe de la CIA, Allan Dulles arriba a la capital italiana, para coordinar las acciones que condujeron al derrocamiento de Mosadeq. El Shah, bajo la guía de la CIA retorna a Irán y comienza a desarrollar una política de profunda represión. Apoyado en esto por la policía secreta fundada el año 1957 la SAVAK (Sazeman-e Ettela’at va Amniyat-e Keshvar) Organización de Inteligencia y Seguridad Nacional) cuyos fundamentos, entrenamiento y dirección estuvieron en manos de la CIA.

La política desestabilizadora de Estados Unidos contra Irán ya sea en forma directa o indirecta se remonta al menos a 70 años. Efectivamente, tras el término de la Segunda Guerra Mundial, Washington decidió, que en el marco del enfrentamiento Este-Oeste (la denominada Guerra Fría) Irán sería una pieza clave en la contención de los afanes hegemónicos de la ex Unión Soviética. Se consolidó así un doble pivote reaccionario y con características de gendarme de los intereses de occidente en Oriente Medio: el Irán monárquico y la creación artificiosa de la entidad sionista el año 1948. A la par de dar sustento a la conformación del régimen criminal sionista en tierras palestinas, Estados Unidos desarrolló una cercana relación con Mohamad Reza Pahlavi.

La revolución del año 1979 estableció un cambio radical a lo mencionado precedentemente y ello permitiría ejercer la plena soberanía de la nación persa, en todos los ámbitos de su vida y en el marco de una república islámica, lo que la hace totalmente diferente a cualquiera otra que se haya dado hasta entonces. Una revolución única y distinguible. Y eso influyó claramente en el concierto internacional: pues implicó desprenderse del tutelaje estadounidense y británico. Centrarse en la defensa de su soberanía pero sin olvidar la defensa de otros pueblos, como el palestino, por ejemplo. Por ello no es casual que a pocos meses del triunfo revolucionario, una de las primeras en el plano exterior haya sido el concretar la conmemoración y defensa del Día Internacional de Al-Quds, propiciado por el propio Imam Jomeini. Irán comienza a caminar por una vía propia de desarrollo. Es, por tanto, una revolución diferente, novedosa, no conocida y por tanto genera interrogantes y sobre todo la evidencia que no se podrá contar con la nación persa para agredir a los pueblos de la región, ni para someterse a los apetitos comerciales de empresas energéticas transnacionales, ni ser parte de bandos ideológicos que se disputan el control del planeta.

El 11 de febrero de 1979 el Imam Jomeini, luego de tres lustros de exilio: Turquía, Irak y en los últimos años en Francia, retorna a Irán. Un ayatolá Jomeini que ejerció un liderazgo decisivo, clave para el éxito de una revolución alejada de partidos políticos, caudillajes militares u otras influencias que no fuera una proceso revolucionario formado sobre bases firmes, sobre rocas y no arena: valores islámicos, la profunda fe en las capacidades del pueblo iraní y sobre todo el liderazgo de un hombre distinto como era el Imam Jomeini: querido, admirado. Un líder religioso, educador, carismático, sencillo. Un jurista destacado, primus inter pares, quien con su retorno en febrero del año 1979 a Irán daría el golpe mortal definitivo a la monarquía agonizante de los Pahlavi.

Transcurridos 42 años del triunfo revolucionario traigo a colación algunas ideas y afirmaciones que tuve oportunidad de expresar en homenaje a esta revolución hace algunos años. Ideas y afirmaciones que se mantienen. Como por ejemplo, que no existe, en la actualidad, un ataque más constante e ilegal que el ejecutado por Estados Unidos y sus aliados incondicionales contra la República Islámica de Irán. Palabras que dichas hoy tienen la misma validez que antaño.

Una política infame llevada a cabo contra Irán. 42 años de agresiones de los gobiernos estadounidenses que no perdonan al pueblo iraní haberse liberado de su nociva influencia. Es parte de la política hegemónica de Washington el considerar enemigo a todo pueblo que busca su propio camino de desarrollo, que tiene como norte los conceptos de soberanía y dignidad se convierte de inmediato en enemigo irreconciliable. Estados Unidos sólo acepta incondicionales y cuando te comportas así con una nación milenaria no tienes más que esperar respuestas dignas y de lucha constante a esa pretensión.

Estados Unidos y sus adictos, llámense europeos, sionistas o wahabitas necesitan para sus planes gobiernos serviles, obsecuentes, que ejecuten sus políticas hegemónicas pero, desde el año 1979 han encontrado un rival que no se deja avasallar y que les ha plantado dura batalla en defensa, no sólo de su soberanía, sino también en apoyo de naciones como Siria, Irak, el pueblo yemení y Palestina como líder del Eje de la Resistencia: la República Islámica de Irán.

Un proceso revolucionario conocido como la Daheye Fajr o Década del Alba, que entrega otras alternativas de vida al mundo, un nuevo referente. Una Revolución que al mismo tiempo que comienza su joven andar sufre una serie de graves y múltiples agresiones, como fue el caso de la guerra santa entre los años 1980 y 1988 a manos del régimen iraquí presidido por el fallecido Sadam Husein, alentado por Washington para atacar a Irán y destruir la joven revolución. El intento fracasó y la denominada Santa Defensa consolidó aún más a la revolución, que comenzó poco a poco a transformarse en el poder regional que es hoy en día, causando preocupación en los otrora poderes hegemónicos en la zona. Un Irán consolidado a la luz de un mensaje y una práctica que llama a la conquista, defensa y consolidación de la soberanía y la dignidad como ejes fundamentales para la construcción de una identidad como países.

La consolidación y empuje de la Revolución Islámica de Irán no ha estado exenta de problemas. En un escenario regional complejo, donde Irán ha roto el mito de la invisibilidad de Occidente y sus títeres regionales. Un marco regional que ha resaltado el enorme y trascendental papel que cumple la nación persa, en el logro de la defensa de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos de la región. Una revolución que ha tenido sus propias contradicciones y ¿Cómo no tenerla? si se trata de un proceso político vivo, en permanente desarrollo, con altibajos, con dificultades, con un pueblo movilizado pero que es capaz de separar aguas de aquellos, que aprovechando las lógicas reivindicaciones económicas, intentan desestabilizar el país, haciéndole el juego a Washington y aliados, que aprovechan cada resquicio, cada oportunidad para tratar de quebrar la unidad revolucionaria en Irán.

FUENTE : https://www.hispantv.com/noticias/opinion/487557/iran-revolucion-islamica-internacional

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