MARLA DANGO
De todas maneras, nada se comparaba a que todos estuviesen juntos, nada. Martina vivía ahora con tantos otros chicos, con sus papás separados.
Mientras tanto, el juego de la casita seguía desordenado. Un muñequito por allá, otro por acá. Una pieza en un costado, otra en otro. No se veía igual que antes, lo mismo que su familia.
Martina tardó en acostumbrarse a su nueva vida, no era fácil y tal vez nunca lo fuera, pero el tiempo en muchas oportunidades es un buen amigo y nos ayuda a entender cosas que son difíciles de entender. Leer más





