Su historia parece pura ficción, podría ser muy bien el argumento de una novela: “Es posible -comenta-. Desde pequeño andaba en pandillas callejeras. No soportaba la escuela y mis pasos se encaminaban, sin ninguna dificultad, hacia la delincuencia. Mi padre, atormentado, acudió a una vecina, su amiga, quien le propuso que me llevara a la Escuela de Ballet de L y 19. De ese modo aseguraba tenerme controlado. Mi papá no lo pensó dos veces, pues con eso se quitaba un buen problema. Claro, si le preguntas ahora te dirá que disfrutaba el ballet, pero la realidad era otra. Leer más





