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	<title>Frontera Latina &#187; Mitos y Leyendas</title>
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	<description>Periódico de Berlín al Mundo sin Fronteras. Tu periódico cultural y turistico de Berlín al mundo sin fronteras</description>
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		<title>&#8220;La Flor de Lirolay&#8221; (La flor de la Deidad) Argentina</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Oct 2009 19:35:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Frontera Latina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mitos y Leyendas]]></category>

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		<description><![CDATA[ Este era un rey ciego que tenía tres hijos. Una enfermedad desconocida le había quitado la vista y ningún remedio de cuantos le aplicaron pudo curarlo. Inútilmente habían sido consultados sabios más famosos.   
 Un día llegó al palacio, desde un país remoto, un viejo mago conocedor de la desventura del soberano. Le observó, y dijo que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> Este era un rey ciego que tenía tres hijos. Una enfermedad desconocida le había quitado la vista y ningún remedio de cuantos le aplicaron pudo curarlo. Inútilmente habían sido consultados sabios más famosos.<span id="more-1780"></span>   <br />
 Un día llegó al palacio, desde un país remoto, un viejo mago conocedor de la desventura del soberano. Le observó, y dijo que sólo la flor del lirolay, aplicada a sus ojos, obraría el milagro. La flor del lirolay se abría en tierras muy lejanas y eran tantas y tales las dificultades del viaje y de la búsqueda que resultaba casi imposible conseguirla.  <br />
 Los tres hijos del rey se ofrecieron para realizar la hazaña. El padre prometió legar la corona del reino al que conquistara la flor del lirolay.<br />
Los tres hermanos partieron juntos. Llegaron a un lugar en el que se abrían tres caminos y se separaron, tomando cada cual por el suyo. Se marcharon con el compromiso de reunirse allí mismo el día en que se cumpliera un año, cualquiera fuese el resultado de la empresa.<br />
 Los tres llegaron a las puertas de las tierras de la flor del lirolay, que daban sobre rumbos distintos, y los tres se sometieron, como correspondía a normas idénticas.<br />
Fueron tantas y tan terribles las pruebas exigidas, que ninguno de los dos hermanos mayores la resistió, y regresaron sin haber conseguido la flor.<br />
 El menor, que era mucho más valeroso que ellos, y amaba entrañablemente a su padre, mediante continuos sacrificios y con grande riesgo de la vida, consiguió apoderarse de la flor extraordinaria, casi al término del año estipulado.<br />
 El día de la cita, los tres hermanos se reunieron en la encrucijada de los tres caminos.<br />
 Cuando los hermanos mayores vieron llegar al menor con la flor de lirolay, se sintieron humillados. La conquista no sólo daría al joven fama de héroe, sino que también le aseguraría la corona. La envidia les mordió el corazón y se pusieron de acuerdo para quitarlo de en medio.<br />
 Poco antes de llegar al palacio, se apartaron del camino y cavaron un pozo profundo. Allí arrojaron al hermano menor, después de quitarle la flor milagrosa, y lo cubrieron con tierra.<br />
 Llegaron los impostores alardeando de su proeza ante el padre ciego, quien recuperó la vista así que pasó por los ojos la flor de lirolay. Pero, su alegría se transformó en nueva pena al saber que su hijo había muerto por su causa en aquella aventura.<br />
De la cabellera del príncipe enterrado brotó un lozano cañaveral.<br />
 Al pasar por allí un pastor con su rebaño, le pareció espléndida ocasión para hacerse una flauta y cortó una caña.  <br />
 Cuando el pastor probó modular en el flamante instrumento un aire de la tierra, la flauta dijo estas palabras:</p>
<p>No me toques, pastorcito,<br />
ni me dejes tocar;<br />
mis hermanos me mataron<br />
por la flor de lirolay. <br />
 La fama de la flauta mágica llegó a oídos del Rey que la quiso probar por sí mismo; sopló en la flauta, y oyó estas palabras:</p>
<p>No me toques, padre mío,<br />
ni me dejes tocar;<br />
mis hermanos me mataron<br />
por la flor de lirolay.<br />
Mandó entonces a sus hijos que tocaran la flauta, y esta vez el canto fue así:</p>
<p>No me toquen, hermanitos,<br />
ni me dejen tocar;<br />
porque ustedes me mataron<br />
por la flor de lirolay. <br />
 Llevando el pastor al lugar donde había cortado la caña de su flauta, mostró el lozano cañaveral. Cavaron al pie y el príncipe vivió aún, salió desprendiéndose de las raíces.<br />
 Descubierta toda la verdad, el Rey condenó a muerte a sus hijos mayores.<br />
 El joven príncipe, no sólo los perdonó sino que, con sus ruegos, consiguió que el Rey también los perdonara.<br />
 El conquistador de la flor de lirolay fue rey, y su familia y su reino vivieron largos años de paz y de abundancia.  </p>
<p><em>Este cuento es conocido en la región norteña, en la región andina y en la región central. En Salta se lo llama &#8220;la flor lirolay&#8221;; en Jujuy &#8220;La flor del ilolay&#8221;; en Tucumán &#8220;La flor dl lirolá y también &#8220;del lilolá&#8221; y en Córdoba, La Rioja y San Luis &#8220;La flor de la Deidad&#8221;.</em></p>
<p> Se consultaron las versiones recogidas por los siguientes maestros: Sra. Carmen A. Prado de Carrillo, Carmen de Canarraze, de Jujuy; Srta. Angélica D´Errico, de Salta; Sra. Elena S. de Aguirre y Sr. Adrián Cancela, Srtas. María Isabel Chiggia, Esther López Güemes y Sra. Elena S. de Aguirre, de Tucumán; Srta. Tránsita Caneón, de La Rioja y Srta. María E. O. González Elizalde, de Córdoba; Srta. Dolores Sosa (&#8221;La flor de lilolay&#8221;), Sra. Emma Pallejá, de Entre Ríos; Sra. María Luisa C. de Rivero, Alda C. de Suárez, de San Luis; Srtas. Urbana E. Romero, Aldea A. Nuñez e Irma Carbaux, de Santa Fe.</p>
<p> </p>
<p><em>El tema ha sido puesto en verso por Juan Carlos Dávalos.<br />
Extraída de &#8220;Antología Folklórica Argentina&#8221;, del Consejo Nacional de Educación, Guillermo Kraft Ltda., 1940</em></p>
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		<title>Las velas del amador (Ecuador)</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Aug 2009 16:42:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Frontera Latina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mitos y Leyendas]]></category>

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		<description><![CDATA[Don Juan Tenorio había llorado sobre la tumba de Doña Inés. Al final, acaso, había entendido que el Amor era una expiación. Por eso, en la escena del teatro se develaba una estatua. En medio de las sombras Doña Inés sale de su tumba y exclama: &#8220;Don Juan mi mano asegura/esta mano que a la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Don Juan Tenorio había llorado sobre la tumba de Doña Inés. Al final, acaso, había entendido que el Amor era una expiación. Por eso, en la escena del teatro se develaba una estatua. En medio de las sombras Doña Inés sale de su tumba y exclama: &#8220;Don Juan mi mano asegura/esta mano que a la altura/tendio tu contrito afán/y Dios perdona a Don Juan/al pie de la sepultura&#8221;. <span id="more-325"></span><br />
Cuando el relato de Don Juan Tenorio, de José Zorrilla, cruzó el mar desde España, el actor llegó tan maltrecho que se lo confundió con cualquier personaje entregado a los lances amorosos. Y había una diferencia: los donjuanes de América no sufrían por amor. Sin embargo el personaje se había convertido en sinónimo de buscador de aventuras amatorias y por eso no fue casual que en San Miguelito, en Tungurahua, el cazador de fragancias del pueblo sea conocido como Don Tenorio, olvidándose el de Juan, porque hasta el nombre no había podido desembarcar de España.<br />
Este mozuelo llevaba una máxima: la empresa amatoria más ardua lo catapultaría a ser la admiración de todas las muchachas del pueblo. Por este motivo eligió a una hija de Maria, como se conocía a las doncellas que estaban con la profesión de beatas en el cuello. La joven llegaba temprano a la iglesia envuelta en una chalina negra y su cara cubierta de un velo casi imperceptible, aunque se podía intuir su cabellera larga. Don Tenorio la esperó con paciencia. Sabia que no hay diligencia mejor que la realizada con cautela.<br />
La damisela declinó, al inició, la invitación pero ante los ruegos aceptó encontrarse en las primeras sombras de la tarde. Los jóvenes parecieron entenderse con las miradas. La mujer lo condujo hasta una casa apartada. Al cerrar la puerta una habitación mínima se develó ante la insistencia de un escaso fuego producido por siete velas. Las siluetas se proyectaron en las paredes ásperas con olor a tierra. Las sombras parecían disiparse y cuando Don Tenorio se acercó el leve resplandor se consumió. Las palabras se quedaron flotando en el aire. El joven llamó tiernamente a su futura amada pero no obtuvo respuesta. Después a tientas intentó localizar una cerilla pero fue inútil. Palpó la pared y tampoco encontró la salida.<br />
Fue allí que comenzaron los fatigosos gritos envueltos en un eco bronco, en medio de una estancia oscura. Su cuerpo cayó al suelo sólo para comprobar que la tierra era más húmeda que antes. Para el tercer día Don Tenorio tenia la garganta lacerada y sus leves quejidos eran cada vez más distantes. Pero no dio tregua y siguió gritando mientras sus manos arañaban la pared, con rastros de sangre. Ese día el sepulturero del pueblo llegó mas temprano y escucho unas voces que salían de una tumba.<br />
Antes de que el aliento se le termine llego hasta la casa del teniente político con la inesperada noticia y la cara desencajada como un mal agüero. Cuando los dos hombres se dirigieron al cementerio ya les acompañaba una muchedumbre ansiosa por escuchar las voces que salían del cementerio. El panteonero, junto con algunos vecinos, cavó rápidamente la fosa y en medio de terrones negruzcos apareció la cabeza de Don Tenorio, con los ojos lastimados por la luz.<br />
Fue sacado al vilo y antes que pudiera decir nada se arrodilló delante de medio pueblo y pidió perdón por su único delito: burlador de mujeres. Los viejos de San Miguelito aun no se ponen de acuerdo en las versiones del hecho. Hay quienes aseguran que Don Tenorio entró en un convento; otros dicen que una alma del otro mundo se enamoró del mozuelo. Mas, en los textos de Zorrilla se puede encontrar una alegoría de lo sucedido en San Miguelito y es cuando la sombra de Doña Inés exclama:<br />
Más tengo mi purgatorio<br />
en este mármol mortuorio<br />
que labraron para mí.<br />
Yo a Dios mi alma ofrecí<br />
en precio de tu alma impura<br />
y Dios, al ver la ternura<br />
conque te amaba mi afán<br />
espera a Don Juan<br />
en tu misma sepultura.<br />
Fuente: Diccionario de Mitos y Leyendas &#8211; Equipo NAyA</p>
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		<title>La leyenda de la Virgen de Coromoto (Venezuela)</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Aug 2009 16:41:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Frontera Latina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mitos y Leyendas]]></category>

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		<description><![CDATA[por P. Ildefonso de San Martín
Guanare, actual capital del estado Portuguesa (Venezuela), es la ciudad donde quiso colocar su trono la Reina del Cielo, con la advocación de Nuestra Señora de Coromoto.
Según refiere la historia, el 8 de septiembre de 1652, cuando el cacique de los indios de aquella región, llamado Cospes, se dirigía al [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>por P. Ildefonso de San Martín<br />
Guanare, actual capital del estado Portuguesa (Venezuela), es la ciudad donde quiso colocar su trono la Reina del Cielo, con la advocación de Nuestra Señora de Coromoto.</p>
<p>Según refiere la historia, el 8 de septiembre de 1652, cuando el cacique de los indios de aquella región, llamado Cospes, se dirigía al campo, encontró, pasando una quebrada, a una señora hermosísima con un niño en brazos. Con gran autoridad le ordenó se fuese con su tribu donde estaban los blancos para hacerse instruir en la religión y recibir las aguas del bautismo.</p>
<p>El indio obedeció y, cumpliendo las indicaciones del español Juan Sánchez, se situó con su tribu con su tribu en un lugar conocido con el nombre de Coromoto. Mas, pronto se cansó de su nuevo género de vida y se negó a seguir instruyéndose.<span id="more-322"></span></p>
<p>Ciero día, en que se encontraba muy desesperado en su rancho, se le apareció de nuevo la Señora Resplandeciente. Al instante la reconoció, y, enojado con ella, le dijo: &#8220;¿Hasta cuándo me quieres perseguir? Bien te puedes ir, que ya no he de hacer lo que me mandes&#8221;. Indignado, quiso atemorizar a la Señora, y cogiendo el arco exclamó: &#8220;Con matarte me dejarás&#8221;. La Virgen Santísima se sonrió y avanzó hacia él. El arco y las flechas cayeron al suelo. Entonces el indio quiso cogerla por el brazo y echarla fuera, y ella misteriosamente desapareció. Y asegura la tradición que en la mano del cacique quedó la milagrosa imagen.</p>
<p>El indio quiso destruirla, pero, llevado de cierto temor, la escondió. Un jovencito familiar que presenció la escena, logró hacer venir unos blancos cerca del rancho y, sin ser visto por el jefe, les entregó la imagen. El español Juan Sánchez, que la recibió, la llevó durante algún tiempo siempre consigo. Más tarde, la colocó en un altarcito de su casa, que comenzó pronto a ser el primer santuario de la reliquia.</p>
<p>La fama de las apariciones y de los milagros se extendió rápidamente y las autoridades competentes ordenaron que fuese llevada a Guanare. El traslado se verificó con gran pompa y solemnidad en 1654, en la víspera de la Purificación.</p>
<p>Durante los tres siglos de existencia que tiene la imagen, la Virgen Santísima ha obrado infinitud de milagros y favores para socorrer a cuantos se han encomendado a dicha advocación&#8230;<br />
Fuente: Venezuela en mi corazón, de P. Ildefonso de San Martín, Caracas, 1961</p>
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		<title>El Cóndor (Argentina)</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Aug 2009 16:28:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Frontera Latina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mitos y Leyendas]]></category>

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		<description><![CDATA[El cóndor no siempre usó la golilla que lleva tan elegantemente en el cuello. Se acostumbró a su uso después de haber sido derrotado, luego de una vergonzosa lucha contra un diminuto rival.
Cuenta la leyenda que don Cóndor había bajado al valle en ocasión de unas &#8220;chinganas&#8221; que se celebraban con motivo de Semana Santa. En [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El cóndor no siempre usó la golilla que lleva tan elegantemente en el cuello. Se acostumbró a su uso después de haber sido derrotado, luego de una vergonzosa lucha contra un diminuto rival.<br />
Cuenta la leyenda que don Cóndor había bajado al valle en ocasión de unas &#8220;chinganas&#8221; que se celebraban con motivo de Semana Santa.<span id="more-319"></span> En uno de los tantos bodegones instalados cerca de una plaza, conoció a un compadrito charlatán y pendenciero, muy famoso en el pago por su apodo de &#8220;Chusclín&#8221;. Se trataba nada menos que de un vulgar chingolo.<br />
Luego de una entretenida charla, en la que don Cóndor y Chusclín alardeaban de pendencieras hazañas y famosas &#8220;chupaderas&#8221; (en Cuyo &#8220;chupar&#8221; significa beber vino), como fin de la conversación, formularon entre sí una singular apuesta. Se desafiaron a beber vino: el que &#8220;chupara&#8221; más sin &#8220;curarse&#8221; (embriagarse), ganaría la apuesta y el perdedor pagaría el vino consumido y la &#8220;vuelta &#8221; para todos.<br />
Tanto don Cóndor como Chusclín empinaron sus respectivas damajuanas y así se inició la puja. Don Cóndor de buena fe trataba de agotar el líquido &#8220;de una sentada&#8221;, sin reparar que Chusclín arrojaba al suelo cada sorbo que bebía sin que su rival lo notara. Como don Cóndor no estaba tan acostumbrado al vino como Chusclín, pronto empezó a sentir dolor de cabeza y para atenuarlo se ató un pañuelo, a modo de vincha. Al advertir el juego de su contrincante, lo increpó y se le fue encima. Chusclín, veterano peleador, lo esperó sereno y confiado. Poco duró la pelea porque el chingolo con un certero golpe hizo sangrar la nariz de su antagonista, quien sólo atinó a defenderse. En el entrevero, el pañuelo que don Cóndor tenía atado a la cabeza se le cayó y desde entonces allí lo lleva.</p>
<p> </p>
<p>Fuente: <a href="http://www.argentina.gov.ar/">www.argentina.gov.ar</a></p>
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		<title>La Casa del Trueno (México)</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Aug 2009 16:20:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Frontera Latina</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuentan los viejos que entre Totomoxtle y Coatzintlali existía una caverna en cuyo interior los antiguos sacerdotes habían levantado un templo dedicado al Dios del Trueno, de la lluvia y de las aguas de los ríos. Eran tiempos en los que aún no llegaban los hispanos ni las portentosas razas, conocidas hoy como totonacas, que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuentan los viejos que entre Totomoxtle y Coatzintlali existía una caverna en cuyo interior los antiguos sacerdotes habían levantado un templo dedicado al Dios del Trueno, de la lluvia y de las aguas de los ríos. Eran tiempos en los que aún no llegaban los hispanos ni las portentosas razas, conocidas hoy como totonacas, que poblaron el lugar de Veracruz que después llamaron Totonacan. <span id="more-315"></span>Y siete sacerdotes se reunían cada tiempo en que era menester cultivar la tierra y sembrar las semillas y cosechar los frutos, siete veces invocaban a las deidades de esos tiempos y gritaban entonaban cánticos a los cuatro vientos o sea hacia los cuatro puntos cardinales, porque según las cuentas esotéricas de esos sacerdotes, cuatro por siete eran 28 y ventiocho días componen el ciclo lunar.<br />
Siguen diciendo las viejas crónicas que se han convertido en asombrosas leyendas, que esos viejos sacerdotes hacían sonar el gran tambor del trueno y arrastraban cueros secos de los animales por todo el ámbito de la caverna y lanzaban flechas encendidas al cielo. Y poco después atronaban el espacio furiosos truenos y los relámpagos cegaban a los animales de la selva y a las especies acuáticas que moraban en los ríos.<br />
Llovía a torrentes y la tempestad rugía sobre la cueva durante muchos días y muchas noches y había veces en que los ríos Huitizilac y el de las mariposas, Papaloapan, se desbordaban cubriendo de agua y limo las riberas y causando inmensos desastres. Ycuanto mas arrastraban los cueros mayor era el ruido que producian los torrentes y cuanto más se golpeaba el gran tambor ceremonial, mayor era el ruido de los truenos cuanto más relámpagos significaba mayor número de flechas incendiarias.<br />
Pasaron los siglos&#8230;<br />
Y un día arribaron al lugar grupos de gentes ataviadas de un modo singular, trayendo consigo otras costumbres, y otras leyes y otras religiones. Se decían venidos de otras tierras allende el gran mar de turquesas (Golfo de México) y tanto hombres, como mujeres y niños, tenían la característica de estar siempre sonriendo como si fueran los seres más felices de la tierra y tal vez esa alegría se debía a que después de haber sufrido mil penurias en las aguas borrrascosas de un mar en convulsión habían por fin llegado a las costas tropicales, donde había de todo, así frutos como animales de caza, agua y clima hermoso.<br />
Se asentaron en ese lugar al que dieron por nombre, en su lengua Totonacan y ellos mismos se dijeron totonacas.<br />
Pero los sacerdotes, los siete sacerdotes de la caverna del trueno no estuvieron conformes con aquella invasión de los extranjeros que traían consigo una gran cultura y se fueron a la cueva a producir truenos, relámpagos, rayos y lluvias y torrenciales aguaceros con el fin de amendrantarlos.<br />
En los antiguos registros que los milenios han borrado, se dice que llovió mucho y durante varios días y sus noches, hasta que alguien se dió cuentra de que esas tempestades las provocaban los siete hechiceros, los siete sacerdotes de la caverna de los truenos.<br />
No siendo amigos de la violencia, los totonacas los embarcaron en un pequeño bajel y dotándoles de provisiones y agua los lanzaron al mar de las turquesas en donde se perdieron para siempre.<br />
Pero ahora era preciso dominar a esos dioses del trueno y de las lluvias para evitar el desastre del pueblo totonaca recién asentado y para el efecto se reunieron los sabios y los sacerdotes y gentes principales y decidieron que nada podría hacerse contra esas fuerzas que hoy llamos sencillamente naturales y que sería mejor rendirles culto y pleitesía, adorar a esos dioses y rogarles fueran magnánimos con ese pueblo que acababa de escapar de un monstruoso desastre.<br />
Y en ese mismo lugar en donde había el templo y la caverna y se ejercía el culto al Dios del trueno, los totonacas u hombres sonrientes levantaron el asombroso templo del Tajín, que en su propia lengua quiere decir lugar de las tempestades. Y no sólo se rindió culto al Dios del Trueno sino que se le imploró durante 365 días, como número de nichos tiene este pasmoso monumento invocando el buen tiempo en cierta época del año y la lluvia, cuando es menester fertilizar las sementeras.<br />
Hoy se levanta este maravilloso templo conocido en todo el mundo como pirámide o templó de El tajín en donde curiosamente parecen generarse las tempestades y los truenos y las lluvias torrenciales.<br />
Así nació la pirámide de El Tajín, levantada con veneración y respeto al Dios del Trueno, adorado por aquellas gentes que vivieron mucho antes de la llegada de los extranjeros, mucho antes de la llegada de los totonacas, cuando el mundo parecía comenzar a existir.<br />
Nota: Los Totonacas eran indígenas que ocupaban el territorio de Veracruz.<br />
Fuente: guiascostarica.com</p>
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