La leyenda de la Virgen de Coromoto (Venezuela)

por P. Ildefonso de San Martín
Guanare, actual capital del estado Portuguesa (Venezuela), es la ciudad donde quiso colocar su trono la Reina del Cielo, con la advocación de Nuestra Señora de Coromoto.

Según refiere la historia, el 8 de septiembre de 1652, cuando el cacique de los indios de aquella región, llamado Cospes, se dirigía al campo, encontró, pasando una quebrada, a una señora hermosísima con un niño en brazos. Con gran autoridad le ordenó se fuese con su tribu donde estaban los blancos para hacerse instruir en la religión y recibir las aguas del bautismo.

El indio obedeció y, cumpliendo las indicaciones del español Juan Sánchez, se situó con su tribu con su tribu en un lugar conocido con el nombre de Coromoto. Mas, pronto se cansó de su nuevo género de vida y se negó a seguir instruyéndose.

Ciero día, en que se encontraba muy desesperado en su rancho, se le apareció de nuevo la Señora Resplandeciente. Al instante la reconoció, y, enojado con ella, le dijo: “¿Hasta cuándo me quieres perseguir? Bien te puedes ir, que ya no he de hacer lo que me mandes”. Indignado, quiso atemorizar a la Señora, y cogiendo el arco exclamó: “Con matarte me dejarás”. La Virgen Santísima se sonrió y avanzó hacia él. El arco y las flechas cayeron al suelo. Entonces el indio quiso cogerla por el brazo y echarla fuera, y ella misteriosamente desapareció. Y asegura la tradición que en la mano del cacique quedó la milagrosa imagen.

El indio quiso destruirla, pero, llevado de cierto temor, la escondió. Un jovencito familiar que presenció la escena, logró hacer venir unos blancos cerca del rancho y, sin ser visto por el jefe, les entregó la imagen. El español Juan Sánchez, que la recibió, la llevó durante algún tiempo siempre consigo. Más tarde, la colocó en un altarcito de su casa, que comenzó pronto a ser el primer santuario de la reliquia.

La fama de las apariciones y de los milagros se extendió rápidamente y las autoridades competentes ordenaron que fuese llevada a Guanare. El traslado se verificó con gran pompa y solemnidad en 1654, en la víspera de la Purificación.

Durante los tres siglos de existencia que tiene la imagen, la Virgen Santísima ha obrado infinitud de milagros y favores para socorrer a cuantos se han encomendado a dicha advocación…
Fuente: Venezuela en mi corazón, de P. Ildefonso de San Martín, Caracas, 1961



 
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