Considerada la poetisa del posmodernismo argentino, Alfonsina Storni nació en Sala Capriasca (Suiza), el 22 de mayo de 1892, trasladándose con su familia a Argentina a muy temprana edad. Padeciendo una niñez con estrecheces económicas, debió trabajar como lavaplatos, camarera, costurera y obrera. Se recibió de maestra rural en Coronda, ejerciendo en la Escuela Normal. Fue profesora de arte dramático y colaboró con varios grupos de teatro juvenil.
En 1911 se mudó a Buenos Aires. En 1912 nació su hijo Alejandro, de padre desconocido. En 1916 comenzó su carrera literaria con "La inquietud del rosal", continuándose con las siguientes: en 1918 "El dulce daño"; en 1919 "Irremediablemente"; en 1920 "Languidez", que recibió el Primer Premio Municipal de PoesÃa y el Segundo Premio Nacional de Literatura. En 1925, "Ocre", consagró casi definitivamente su alejamiento del Modernismo, con un contenido realista. En 1926, publicó "Poemas de amor"; en 1927 y 1932 las siguientes obras de teatro: "El amor del mundo" y "Dos farsas pirotécnicas", respectivamente. En 1934 "Mundo de siete pozos", en 1938 "AntologÃa poética"y en 1968 "PoesÃas completas.
Toda su obra refleja dramatismo, lucha y una audacia inusual para la época. Su temática es, sobre todo, amorosa, feminista y profunda, en donde se refleja un carácter singular, marcado muchas veces por la neurosis. Su muerte, continúa la huella de su transgresora personalidad. Su trágico suicidio, en las aguas de la playa "La Perla", de Mar del Plata, el 25 de octubre de 1938, le permitió huir de una penosa enfermedad oncológica y de la soledad que la invadÃa.
OH MAR
Oh mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.
Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendÃa, mar, yo me fui dando:
"Piedad, piedad para el que más ofenda".
Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.
¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.
Me empobrecà porque entender abruma,
Me empobrecà porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.
Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mÃa
Bajo las horas cálidas se abrÃa...
Ah, yo soñaba ser como tú eres.
MÃrame aquÃ, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.
Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza.
¡Aire de mar!... ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo!
Desdichada de mÃ, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.
Y el alma mÃa es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y la equivoca;
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!
Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...
La vida mÃa debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele.
LA CARICIA PERDIDA
Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos... En el viento, al pasar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá?
Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará... rodará...
Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.
Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?
I
¿DÓNDE COMIENZA EL MUNDO? EN...
¿Dónde comienza el mundo? En
el suave despertar al alba.
En cualquier nombre oÃdo detrás de la ventana.
En los ruidos de los que arman puestos
y ofrecen pescados, frutas, licores.
¿Dónde concluye? En
el brusco despertar a medianoche.
En el instante en que el último nombre
deja de tener algún significado, cierta resonancia.
En el silencio, feria sumergida.
II
TAL VEZ EN LA CHISPA, EN EL FUGAZ RESPLANDOR...
Tal vez en la chispa, en el fugaz resplandor,
en la ola que llega o en la que se retira,
en la conjetura, en la perplejidad,
en el adiós desde el anden,
en un papel plegado, en un vidrio húmedo,
en una mujer que cruza la calle
como si cruzara un prado cubierto de flores,
en la palabra extranjero, en el polvo
que se acumula sobre los muebles,
en algún pasillo, en Tiziano o Van Eyck,
en la sábana nupcial, en una camisa,
a ras de tierra, bajo el agua clara u oscura,
por droga o placebo, al cabo de horas
o años o seis respiraciones de caballo o virgen,
quizás por depuración, por saturación,
por acumulación de cenizas,
por la marca de un cuchillo en la madera,
por ebriedad, por apetito, por fracaso,
tal vez el viento, el mismo y eterno viento,
más allá de la ventana,
las mismas y eternas hierbas que se agitan...
III
TODO COMIENZA CUANDO NO HAY PERDÓN...
Todo comienza cuando no hay perdón,
ni salida hacia una claridad
al final del pasillo, con una mano débil
que apenas puede aferrarse al pasamanos,
cuando es tarde y nadie riega
el jardÃn olvidado por la lluvia,
las palabras arden sin humo
en los invernaderos vacÃos,
todo se desata cuando el porvenir
se disipa, el presente se disipa,
las caras, aún las más amadas, se esfuman,
la exploración acaba en el desierto,
todo se inicia cuando no queda follaje,
ni vuelo de ave, ni panes,
en el más crudo invierno,
en la más cerrada castidad,
en las ruedas hundidas en el barro,
en el desmayo de la invención,
en el fracaso del cálculo,
en la ceguera, en el exilio,
cuando sólo nos miran los animales, las estrellas.
IV
OÃDOS, NARIZ, OJOS: TIENE QUE HABER OTRA COSA...
(A Rubén Grau)
OÃdos, nariz, ojos: tiene que haber otra cosa.
Otro modo de saber qué nos mata
o nos salva, cuál es el destino real del largo viaje
en el que estamos desde siempre embarcados
y que apenas si alcanzamos a entrever
en los ojos de los otros,
en el vuelo de los pájaros de rama en rama.
Tiene que haber una manera diversa,
un instrumento más allá de la brújula,
el compás, el cronómetro;
de la tierra lodosa, por fin, a tierra firme,
del mero número al color y sabor del número,
de la sangre en la tierra a la sangre,
para siempre, purificada por la luz, el agua.
Carlos Barbarito, nació en Pergamino, Argentina, el 6 de febrero de 1955. Su obra literaria comprende libros de poesÃa y de crÃtica de artes plásticas.
Web Site: http://carlosbarbarito.lalupe.com/
Recientemente falleció, a los 89 años de edad, el poeta uruguayo Mario Benedetti, autor de más de ochenta libros de poesÃa, novelas, cuentos, ensayos, asà como guiones de cine. Benedetti fue galardonado con el Premio Reina SofÃa de PoesÃa Iberoaméricana (1999), con el Premio Iberoamericano José Martà (2001) y el Premio Internacional Menéndez Pelayo (2005), entre otros.
Nacido en 1920 en Paso de Los Toros, en 1945 formó parte del famoso semanario "Marcha" donde se formó como periodista, colaborando allà hasta 1974.Ocupó el cargo de director del Departamento de Literatura Hispanoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de Montevideo. Desde 1983 se radicó en España donde permanece la mayor parte del año. Obtuvo el VIII Premio Reina SofÃa de PoesÃa y recibió el tÃtulo de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante.
Su vasta producción literaria abarca todos los géneros, incluyendo famosas letras de canciones, cuentos y ensayos, traducidos en su mayorÃa a varios idiomas. De su extensa obra se encuentran entre otros, la novela "Gracias por el fuego", "El olvido está lleno de memoria", y los poemarios, "Inventario Uno" e "Inventario Dos". Hasta 2006, cuando falleció su esposa Luz López Alegre, con la que se habÃa casado en 1946, el poeta uruguayo alternó su residencia entre Montevideo y Madrid, para escapar del frÃo debido a sus problemas de asma. Paz a sus restos.
CURRICULUM
Mario Benedetti
El cuento es muy sencillo
usted nace
contempla atribulado
el rojo azul del cielo
el pájaro que emigra
el torpe escarabajo
que su zapato aplastará
valiente
usted sufre
reclama por comida
y por costumbre
por obligación
llora limpio de culpas
extenuado
hasta que el sueño lo descalifica
usted ama
se transfigura y ama
por una eternidad tan provisoria
que hasta el orgullo se le vuelve tierno
y el corazón profético
se convierte en escombros
usted aprende
y usa lo aprendido
para volverse lentamente sabio
para saber que al fin el mundo es esto
en su mejor momento una nostalgia
en su peor momento un desamparo
y siempre siempre
un lÃo
entonces
usted muere.
SIRENA
Mario Benedetti
Tengo la convicción de que no existes
y sin embargo te oigo cada noche
te invento a veces con mi vanidad
o mi desolación o mi modorra
del infinito mar viene tu asombro
lo escucho como un salmo y pese a todo
tan convencido estoy de que no existes
que te aguardo en mi sueño para luego.
POR SIEMPRE
Mario Benedetti
Si la esmeralda se opacara,
si el oro perdiera su color,
entonces, se acabarÃa
nuestro amor.
Si el sol no calentara,
si la luna no existiera,
entonces, no tendrÃa
sentido vivir en esta tierra
como tampoco tendrÃa sentido
vivir sin mi vida,
la mujer de mis sueños,
la que me da la alegrÃa...
Si el mundo no girara
o el tiempo no existiese,
entonces, jamás morirÃa
Jamás morirÃas
tampoco nuestro amor...
pero el tiempo no es necesario
nuestro amor es eterno
no necesitamos del sol
de la luna o los astros
para seguir amándonos...
Si la vida fuera otra
y la muerte llegase
entonces, te amarÃa
hoy, mañana...
por siempre...
todavÃa.
CHAU NÚMERO TRES
Mario Benedetti
Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres
sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
seguro sin seguro
te dejo frente al mar
descifrándote a solas
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota
te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranÃa
pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono
estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos
estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra
estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen
y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.
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