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UNION SACRÈE

UNION SACRÈE

Juan Carlos Gutierrez

Juan Carlos Gutierrez <pillosgutierrezb2@gmail.com>

La invocación a la unidad ha sido la voz más repetida por las autoridades francesas en los últimos días. Podríamos remitirnos, como escenificación de lo expuesto a la atronadora ovación que la Asamblea Nacional francesa tributó al primer ministro Valls, tras anunciar que los cuerpos y fuerzas de seguridad galos, habían liquidado a Abdelhamid Abaaoud.
Algunos observadores han dibujado un paralelismo entre esta concordia y lo acontecido en territorio galo a principios del siglo XX. En aquellos años, se forjaría la bautizada Unión Sagrada, un extraordinario estado de ánimo que a pesar de los diversos y controvertidos episodios que habían ensombrecido la III República, lograría aglutinar y espolear todas las ideologías políticas para un único objetivo: preparar al país con las máximas garantías posibles, ante el más que previsible enfrentamiento contra Alemania. Recordemos que ni el affaire Dreyfus ni el impactante asesinato del líder socialista Jaurès lograron romper la confraternidad alcanzada en las postrimerías de la I Guerra Mundial.
Precisamente, estas manifestaciones de unidad personalizadas en los emotivos y brillantes discursos de Hollande, han sido muy aplaudidas y valoradas por múltiples jefes de Estado, entre ellos el Soberano español, que ha expresado recientemente su fervientemente deseo de trasladar dicha unión a España. Además, sumándose a este empeño, los líderes europeos insistentemente han alentado “a unir nuestros esfuerzos contra este mal” que nos azota.
Llegados a este punto e imbuidos de esta mística de suprema trabazón, quisiera rescatar una serie de fragmentos elaborados por alguno de los principales promotores, de uno de los grandes retos afrontados por los pueblos europeos: el proceso de Construcción e Integración de la Europa de las Comunidades. Realmente, en aquellos años centrales del siglo XX sí que asistimos, como en ningún otro momento de la historia europea, a toda una batería de declaraciones que irradiaban este espíritu de cohesión que hoy en día, muchos quieren reverdecer. Veamos algunos pasajes:
“La suprema conquista de Europa se llama la dignidad del hombre, y su verdadera fuerza reside en la libertad. Este es el objeto final de nuestra lucha. Queremos la UNIÓN de nuestro continente para salvar las libertades que hemos ido adquiriendo, pero también para ampliarlas a todos los hombres. En esta UNIÓN se juega Europa su destino y el de la paz del mundo (…)” Denis de Rougemont
“(…) Si Europa ha de ser salvada de una infinita miseria y de la perdición, debe haber un acto de fe en la FAMILIA EUROPEA y un acto de olvido respecto de todos los crímenes y demencias del pasado (…) Wiston Churchill
“La paz mundial sólo podrá ser salvaguardada con esfuerzos creativos adecuados a la gravedad de los peligros que la amenazan. La contribución que una Europa ORGANIZADA y viva puede aportar a la civilización es indispensable para el mantenimiento de las relaciones pacíficas (…) Europa no se hará de golpe ni en una construcción de conjunto; se hará mediante realizaciones concretas, creando ante todo una SOLIDARIDAD de hecho (…)” Declaración Schuman
¿Qué os parecen? ¿Creéis que existía un mayor convencimiento en estos históricos planteamientos? Desde luego, son valoraciones como dirían los clásicos, dignas de figurar en un frontispicio. ¿Pero sería posible una traslación de aquel espíritu de unidad y concordia a la Europa actual? Mucho me temo y parafraseando a Zola, que todas estas palabras y anhelos arrancados en los foros internacionales, que en los últimos días hemos escuchado como un latiguillo incesante en los medios de comunicación, quedarán con el paso de las semanas, simplemente como un “ardiente deseo, no más que un grito del alma”
¿Por qué exteriorizo tal desazón? Porque coincido con lo que ya manifestara Antonio Maura hace ya más de un siglo, sobre la pasividad, indolencia y falta de convicción en las “clases neutras”. Decía el político español que “si pulsáramos profundamente la realidad, no percibiríamos agitación en los espíritus, ni movimiento verdadero en las gentes” ni en los políticos añadiría yo, de tal suerte, que “donde quiera que se ponga el tacto no se encontraría el pulso”.
Definitivamente, en las próximas semanas observaremos, si se preserva este afán de unidad traduciéndose en hechos tangibles, o si por el contrario comienzan a surgir desavenencias insalvables. Ojalá se cumpla lo primero.

FRONTERA LATINA /Juan Lopez Benito
juanlbenito1@hotmail.com

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