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Wolfgang, de 71 años, es un mendigo que vive en Bonn. Europa Amenazados por el frío

0,,15719521_401,00El frío que azota Europa pone en marcha los albergues de emergencia para personas sin techo que, de otro modo, sufrirían las consecuencias de las bajas temperaturas.

“Aquí soy cliente habitual”, masculla Wolfgang mientras aspira hondo su cigarrillo. Cuando dice “aquí”, se refiere al albergue de emergencia que Caritas tiene en Bonn. Se trata de un sótano claro, con mesas y bancos de madera, un pequeño bar y televisión. Pero lo más importante de todo, según Wolfgang, es que la calefacción funciona. “Sin este lugar, no sobreviviría”, dice, mientras se cala su gorro de lana, que también lleva puesto dentro del albergue, sobre el rostro.

Wolfgang tiene 71 años y desde hace diez vive en las calles: Múnich, Fráncfort, Berlín…Y ahora en Bonn.”Normalmente paso las noches en los cajeros de los bancos, en estaciones de metro o en los portales de las casas. Pero con diez grados bajo cero no se sobrevive a la intemperie. Me congelaría”. Así que, cada noche, con el hatillo de sus pertenencias en la mano, Wolfgang se dirige al cálido albergue de Caritas.

Meditabundo, se acaricia la barba gris y señala con la cabeza el banco del rincón: “Esa es mi cama”. No hay colchón, ni siquiera un cojín. Pero es feliz: “Mi abrigo me sirve de manta”.

Sin techo y desprotegidos

Más de un cuarto de millón de personas vive sin techo en Alemania. De ellas, alrededor de 20.000 viven de forma permanente en la calle, y corren peligro especialmente cuando los termómetros descienden. Hace unos días llegó el frío al país y ya ha habido las primeras víctimas mortales. La cifra en toda Europa asciende a más de 220. Y el frío continúa: en las próximas noches, las temperaturas llegarán a los 20 grados centígrados bajo cero.

Albergue de Caritas en Bonn.

Albergue de Caritas en Bonn.

Las organizaciones de ayuda como Cáritas ofrecen por ello albergues de emergencia: sencillas habitaciones o tiendas de campaña. Todo el que tenga papeles de identificación personal puede entrar. Hay alojamientos más confortables, en los que uno se puede quedar más de dos noches, como por ejemplo la “Casa Sebastián”, de la Unión para Ayuda a los Necesitados.

Solo con autorización

Allí duerme Marcel. Tiene 18 años y es uno de los aproximadamente 50 sin techo de Bonn. “Para dormir aquí se necesita un permiso”, explica. Él, por ejemplo, lo ha conseguido en la Concejalía de Asuntos Sociales de la ciudad. No es difícil conseguirlo. De hecho, para Marcel resultó muy sencillo. “Perdí mi casa hace un par de días”, dice “y tenía miedo de dormir en la calle. Con este frío, no tenía otra opción: o el albergue o congelarme en la calle”.

Marcel tiene 18 años y hace poco perdió su vivienda.

Marcel tiene 18 años y hace poco perdió su vivienda.

Por la ventana se asoma una joven estudiante, Sarah Gröhl, que, amigablemente, tiende a Marcel las llaves de su habitación. Hay 87 habitaciones disponibles, de las cuales quedan aún 10 libres. “Me maravilla que no haya una larga cola de personas sin techo con el frío que hace. Pero si continúa este tiempo, vendrán más”, dice. Marcel asiente, pero cree que los motivos para que más personas no vayan a este albergue residen en las estrictas normas: no se puede beber alcohol y no se puede tomar drogas. “Si se infringen estas normas, se prohíbe el acceso a la casa. De inmediato. Además, aquí le roban a uno. Muchos vienen con problemas de adicción al alcohol o a otras sustancias y tengo que estar vigilando todo el tiempo para que no me quiten el dinero. Esto es peor que la calle”.

Espíritu de ayuda

Sascha Diekmann trabaja como voluntario en la Cruz Roja de Essen. Cada noche, recorre la ciudad con otros amigos para buscar mendigos. “Les llevamos té caliente y sopa”, explica. “También ropa caliente y mantas. Pero cuando tratamos de llevarlos a los albergues de emergencia, se niegan. Prefieren pasar la noche andando en la calle para no congelarse que ir a estos refugios. Yo lo respeto, pero me sorprende enormemente que, con 10 grados bajo cero, alguien prefiera quedarse a la intemperie”.

Sascha Diekmann está deslumbrado por la enorme “disposición a ayudar” que los ciudadanos demostraron cuando hicieron un llamamiento por la radio para recibir donativos. Consiguieron cantidades enormes de ropa y mantas. “Eso me hizo sentir bien”, relata.

También Wolfgang, el mendigo de 71 años de Bonn, recalca este espíritu de ayuda: “La gente normalmente nos respeta y ayuda. Hace poco alguien me invitó a un café y me regaló un panecillo. Sencillamente eso”. Marcel, cuyo abrigo procede de una donación, lo confirma: “Sin ayuda, no sobreviviríamos al invierno”.

Autora: Miriam Klaussner/MS
Editora: Emilia Rojas

Deutsche Welle/FL

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