Aniversario 50 de construcción del Muro de Berlín

alemania-construccion_muroBerlín, ago  (PL) Los actos conmemorativos por el 50 aniversario de la construcción del Muro de Berlín el 13 de agosto de 1961 son, en gran parte, ritualizados y no aportarán al esclarecimiento de la verdad histórica.

Influenciado por un todavía fuerte discurso anticomunista, Alemania no ha logrado establecer un debate abierto sobre la separación del país veinte años después de su reunificación, constata el autor alemán Hans Fricke, al criticar los “intentos continuos de explicar la historia del muro desde su fin y no desde sus orígenes”.

Analizado desde este punto de vista, la construcción del muro de Berlín fue antes que todo un acto de autodefensa en medio de una situación crecientemente crítica de la Guerra Fría por los operaciones de los aviones U2 estadounidenses, la invasión en Playa Girón y otros sucesos.

En Berlín del Oeste, esta guerra entre los bloques se concentró.

De hecho, el gobierno del democristiano Konrad Adenauer nunca había encubierto sus intentos de aislar a la “Zona del Este”, como fue titulado la República Democrática Alemana (RDA) con sus 17 millones de habitantes.

La reforma monetaria en la República Federal de Alemania (RFA), la declaración de la Ley Fundamental y la elección de un parlamento de la RFA formaron parte de esta política separatista.

Por otro lado, a principios de los años 60, los ataques contra el estado socialista aumentaron sobre todo desde Berlín del Oeste.

El experto Fricke nombra 117 organizaciones de la extrema derecha, entre ellos varios grupos liderados por viejos miembros de la SS como “Stahlhelm”, Kyffhaeuser-Bund” o “Verband deutscher Soldaten” (Asociación de soldados alemanes) que operaron desde el enclave berlinés.

Forma parte de la verdad histórica, que hubo una coalición indirecta entre estas fuerzas anticomunistas y la socialdemocracia en la Alemania occidental, representado por el entonces Alcalde Mayor de Berlín, el socialdemócrata (y excomunista) Ernst Reuter, que bautizó a la ciudad encerrada como “un palo en la carne de la RDA”.

A finales de los años 50 y a principios de los años 60, la política migratoria del gobierno de Adenauer se convirtió en un instrumento central para atacar la sustentabilidad de la economía socialista en la Alemania socialista.

En ese contexto, el gobierno occidental, con sede en la ciudad de Bonn, podía contar con el apoyo masivo de sus aliados en la Guerra Fría.

Hasta mediados de junio del 1961, Adenauer recibió cuatro millones 500 mil dólares por parte de los Estados Unidos y 11 millones 100 mil marcos alemanes del Comité para cuestiones demográficas y migratorias, del Consejo Europeo, para arrebatar a especialistas y personal técnico de la RDA.

Fue un “brain drain” masivo: Mientras hasta 1961 llegaron a la RFA 500 mil trabajadores de países de Europa del Sur, sobre todo de España, Grecia, Italia, Portugal y Turquía, de la RDA vinieron un millón 500 mil profesionales.

En significado para las jóvenes economías de los dos estados alemanes fue inmenso, en el sentido positivo y negativo.

Fue el autor alemán Stefan Heym -siempre una voz crítica en la RDA- que concluyó en su libro “Una construcción alemana”: “Como pueden ver, señoras y señores, el muro surgió de la necesidad para proteger el socialismo”.

Heym, tal como el después Presidente Federal de la RFA, Richard von Weizaecker, hijo de una familia nazi, destacó además la conexión histórica inseparable del 13 de agosto del 1961 con el 30 de enero del 1933, el día que Hitler accedió el poder.

Ninguno de estos dos hechos históricos -la situación política a principios de los años 60 y los antecedentes históricos- forman hoy parte del discurso oficial sobre el muro y la RDA en Alemania.

Los ataques políticos y físicos contra la RDA en sus primeros años se justificaron en primer lugar con la así llamada Doctrina Hallstein, elaborada por el entonces Secretario de Estado de Asuntos Exteriores de Adenauer, Walter Hallstein.

Esta doctrina estableció entre 1955 y 1969 el principio del no reconocimiento de la RDA como estado soberano.

Esta línea política conllevó un serie de graves consecuencias: Solamente en 1958, las autoridades de la RDA registraron más de 800 provocaciones contra el régimen fronterizo del estado socialista.

En 1959 ya eran mil 425 casos, mientras reiteradamente comandos de la policía, la aduana o la policía federal de fronteras fueron involucrados en ataques contra instalaciones fronterizos de la RDA.

En vista de estas provocaciones, el peligro de una confrontación armada aumentó constantemente.

Sobre todo si se toma en consideración el despliegue de 20 mil soldados estadounidenses en el lado occidental del muro y una cifra parecida de unidades soviéticas en el este.

Sin embargo, la idea central de la doctrina Hallstein se mantiene hasta hoy en la historiografía alemana, cuando se habla de la “frontera doméstica”.

De hecho, este término desconoce el carácter del muro como frontera entre dos estados.

Voces disidentes como la del socialdemócrata Egon Bahr, ex asesor del canciller Willy Brand en cuestiones de la política exterior, todavía no son consideradas en el debate político e histórico.

“No podemos negar que el muro fue, de hecho, la frontera entre el Este y el Oeste”, dijo el entonces Secretario de Estado y autor de la política de distensión entre los dos estados alemanes.

“Hubo una Guerra Fría”, agregó Bahr, “pero hubo una guerra.”

Más de 20 años después de la caída del Muro de Berlín, Alemania sigue luchando con su carga histórica.

Los artículos publicados en la prensa alemana con anterioridad al aniversario 50 del muro demuestran como todavía repercute en la cobertura la propagada de la Guerra Fría.

Hay pocas excepciones como la de un periodista del canal estatal de televisión ARD, que escribió en un comentario: “No debemos olvidar que la URSS nunca se hubiera retirado sin resistencia y que, por ello, una desestabilización de la RDA hubiera puesto el peligro la paz en toda Europa”.

Según el comentarista, el tema del muro de Berlín para muchos es demasiado emocional para discutir y valorarlo racionalmente.

Harald Neuber/PL