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Eugenio Barba, la dramaturgia a flor de piel

eugenio_barbaCopenhague, 16 mar (PL) El dramaturgo italiano Eugenio Barba, director de la compañía danesa Odin Teatret, sacó a flor de piel los intersticios de la dramaturgia y la creación teatral en un libro de título provocativo, Quemar la casa.

  Cimentado en su experiencia personal y escrito, con pausas, durante 14 años, el autor desmonta en 300 páginas sus concepciones teatrales, sus puntos de vistas sobre un arte al que ha insuflado un soplo renovador y al cual se acerca desde la mira del creador y también desdoblado como primer espectador de una puesta en escena.

Lo atractivo de Quemar la casa -de cierto modo un equivalente de “quemar las naves”- es que pone al descubierto, según los críticos, todos los recovecos del proceso teatral, de una dramaturgia, la suya, que define con sencillez como un amasijo de diferentes técnicas, occidentales y orientales, antiguas y modernas, algunas de ellas distantes entre sí.

“No escribo para transmitir sino para restituir, explica, porque mucho me ha sido dado. He tenido maestros que no sabían ni querían ser mis maestros. La mayor parte de ellos habían muerto ya cuando llegué al mundo. Sus palabras y coincidencias han favorecido el descubrimiento de una conciencia que me ha guiado hacia mí mismo”, explica.

Otro de los méritos del libro es su tono antidoctoral, su voluntad de llegar a un amplio diapasón de lectores, desde el especialista al simple amante del teatro, el actor o el dramaturgo en cierne.

El corazón de mi oficio de director, afirma, es la transformación de las energías del actor para provocar la transformación de las energías del espectador,

Barba mezcla sus reflexiones con pasajes de su vida, el origen del Odin Teatret y en ocasiones experiencias aportadas por colaboradores como Torgeir Wethal, Iben Nagel y Roberta Carreri.

Quemar la casa no es el primero de sus libros sobre una disciplina a la que imprimió una marca personal que ha influido en varias generaciones de teatristas.

Inventor, junto con Nicolás Savarese y Fernando Taviere del concepto de antropología teatral, no pretende descubrir, a partir de ello, leyes universales, sino reglas de comportamiento útiles para el actor, normas que rijan su comortamiento en escena y borren los distingos occidentales entre bailarín, mimo y actor.

A los 75 años, Barba sigue inquiriendo, buscando ensanchar los caminos de un arte que concibe como una corriente transmisora de energía capaz de entablar una relación dialéctica con lo cotidiano.

Anubis Galardy/PL

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