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Puerto Príncipe, ocho meses en ruinas

Alex Rodin (Tacheles Berlin)

Alex Rodin (Tacheles Berlin)

Puerto Príncipe, 12 sep (PL) Ocho meses pasaron desde la tarde fatídica del 12 de enero, cuando un sismo convirtió a Puerto Príncipe en un montón de escombros y llenó de luto a miles de familias.

  La urbe quedó en ruinas y las calles repletas de desechos, como saldo inicial del terremoto de siete grados que cambió de golpe y porrazo la vida de los haitianos, sin importar pobres o ricos.

Los cálculos más conservadores advirtieron de 220 mil muertos, aunque el gobierno del país aseguró que fueron 300 mil, mas siempre quedará la incertidumbre sobre el número exacto porque en Haití buscar la exactitud resulta poco menos que imposible.

El movimiento telúrico, ocurrido poco después de las 4.30 de la tarde, cuando la mayoría de las personas volvían de los centros de trabajo o de las escuelas, dejó millón y medio de personas sin hogar, la inmensa mayoría de las cuales aún se refugian en improvisadas tiendas de campaña.

El seísmo movilizó al mundo hacia Haití.

Los gobiernos de muchos países y organizaciones no gubernamentales iniciaron una cruzada para recaudar dinero con la intención de reconstruir Puerto Príncipe y las ciudades cercanas y aunque el monto superó los 10 mil millones, poco, o casi nada, se ha hecho acá.

Los damnificados aún viven en sus casas de lona o nylon, en campamentos improvisados en campos deportivos, cerca de las carreteras, en las colinas cercanas a la ciudad o en cualquier sitio donde se pueda plantar una de esas frágiles moradas.

La terminación de las viviendas temporales necesarias, concebidas de zinc y madera, se fijó para finales de marzo, pero los plazos se alargaron continuamente y los haitianos temen que se cumpla el primer año y todo siga igual.

Mientras, millones de toneladas de escombros entorpecen el paso en cualquiera de las calles de Puerto Príncipe o imposibilitan iniciar la edificación de casas, sin que se vislumbre el momento en el cual toda esa cantidad de desechos esté fuera de la capital.

Para algunos, la cantidad de escombros supera los 15 millones de toneladas, pero cálculos de última hora advierten de 25, una cantidad demasiado grande para una urbe cuyas calles están en pésimo estado, el tránsito es poco menos que imposible, y solo cuenta con dos salidas: al sureste y noroeste.

Dejar Puerto Príncipe con rumbo a Leoganne, en horario pico, puede demorar en un vehículo ligero poco más de dos horas, pero los camiones que deben sacar los escombros pueden tardar más.

Muchos de ellos abandonan los desperdicios cerca de Carrefour, sobre la misma vía, que en lugar de dos sendas hace rato que solo cuenta con una.

Si los encargados de la reconstrucción de Haití, aguardan por limpiar de desechos de construcción Puerto Príncipe para comenzar a edificarla, pasará mucho tiempo antes de que la capital haitiana vuelva a ser la de antes.

A estas alturas de año, ni el Palacio Nacional comenzó a reconstruirse y medio derruido sirve de desconsuelo a algunos capitalinos quienes piensan que sus casas demorarán mucho porque el emblema del país aún no da señales de vida.

El peregrino que abandonó Puerto Príncipe en marzo o abril y vuelve ahora, piensa que la ciudad se detuvo en el tiempo, y entre el ruido de los tap taps -el colorido transporte público- y los improvisados campamentos siente la sensación de un país abandonado a su suerte.

Entonces se pregunta qué se hizo el dinero prometido, los miles de millones que salieron de reuniones en Nueva York o Punta Cana en los meses posteriores al sismo.

Lo cierto, la situación en la nación más pobre del hemisferio no da señales de mejoría y en lugar de primar el optimismo entre sus habitantes, solo campea la desesperanza.

Y lo peor, poco a poco los haitianos se acostumbran a vivir así, como una secuela más del sometimiento que vivieron durante siglos.

PL/

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