Copenhague, vida o muerte para estados insulares

Copenhague, 18 dic (PL) El mundo levantó de nuevo la mirada en busca de atisbos aquí conocidos sobre un eventual acuerdo final en la Cumbre de la ONU sobre Cambio Climático, hoy en su última sesión en esta capital.

  Si no fuera un tema tan vital, casi resultaría ocioso insistir en la significación de tal compromiso para el entero planeta, todos los saben, pero su alcance cobra definiciones distintas entre los 192 países presentes en la principal urbe de Dinamarca.

Muchos están pensando con la merecida seriedad en pérdidas humanas, materiales, de territorios, algunos, sin embago, en una o dos de ellas, pero para los 43 miembros de la Asociación de Pequeños Estados Insulares (AOSIS por su sigla en inglés), el posible convenio es cuestión de vida o muerte.

Así lo remarcó el mandatario de Seychelles, James Alix Michel, cuando expresó este jueves ante la conferencia: “Estoy parado antes ustedes como el presidente, el líder, de un pequeño estado insular. Para nosotros, este acuerdo representa nuestro derecho a existir.”

El estadista de la nación del Océano Índico dejó sentada su comprensión del deseo de crecer de las naciones industrializadas, así como la necesidad de las economías emergentes de acelerar su desarrollo. Empero, recalcó, hay un grupo en Copenhague extremadamente vulnerable al cambio climático.

Alix Michel advirtió que el acuerdo a sellar este viernes debe resultar mucho mejor que lo alcanzado hasta la penúltima jornada del encuentro convocado por las Naciones Unidas para frenar el calentamiento global.

La AOSIS apostó por un trato que limite a 1,5 grados centígrados el alza de la temperatura mundial, además de la asistencia de las potencias desarrolladas requerida para capear el impacto del cambio climático.

Pero todo no queda ahí, en el Caribe relevantes voces respaldan esa propuesta y su detallada precisión sobre la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero, no más de 350 partes por millón para asegurar la sobreviviencia.

Por el Pacífico, Indonesia e Islas Salomón claman en los salones del Bella Center, la desbordada instalación sede de la Cumbre, por salvar el Triángulo de Coral, un ecosistema con el 67 por ciento de los recursos marinos del orbe, determinó a esos países a lanzar un proyecto que intenta poner coto al fenómeno.

En apoyo a los países vinculados a la más importante barrera coralina del orbe -también Malasia, Papua Nueva Guinea, Filipinas y Timor Leste- expertos y científicos recuerdan en las negociaciones que, aunque representa apenas el uno por ciento de la superficie de la Tierra, la zona incluye el 30 por ciento de los arrecifes del planeta.

Allí se encuentra también el 76 por ciento de las especies que construyen los corales y más del 35 por ciento de los seres vivos dependientes de estos ecosistemas marinos, también área de reproducción para especies de importancia económica, como el atún, y el sustento de 240 millones de personas.

La galopante destrucción de ese ecosistema, considerado la mayor biodiversidad marina del orbe, sólo puede revertirse mediante una acción efectiva contra el cambio climático y los problemas derivados de la sobre-pesca y la contaminación, alertan naturalistas.

De ahí el llamado a incluir el tema marítimo en el texto en negociación.

Para la mayoría de la población mundial suena desoladora la pregunta: ¿Será un fracaso Copenhague?

En esta jornada, los líderes de mundiales tratarán de ponerse de acuerdo para hacer algo jamás logrado: frenar el desenfrenado incremento de las emisiones de gases de carbono derivadas de la actividad humana.

Los significados pueden ser varios, quizás unos elaboran una decisión calculada, otros reflexionan a partir de la gravedad del problema, su alcance y la defensa de sus poblaciones, para la mayor parte de las islas del Caribe, el Pacífico y el Índico el fracaso de Copenhague puede implicar una pena capital.

De concertarse un documento y no surgir otros problemas, serán dos textos con cifras concretas sobre reducción de emisiones y de ayuda financiera pendientes de aprobar.

Entonces, a los jefes de Estado y/o Gobierno solo les tocaría decidir. Las posturas, no obstante, siguen enfrentadas y de ahí la advertencia del presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula Da Silva: “Esto no es un juego en el que deban guardarse las cartas en la manga.” 

Fuente/PL)