Cienfuegos y la hipótesis San José

Cienfuegos, Cuba (PL).- De haber prosperado el proyecto que presentó el criollo don José Laguardia en 1764, la ciudad de Cienfuegos no figurara hoy en los mapas de Cuba, ni con ese nombre ni en la misma ubicación geográfica.

  Localizada en la ribera norte de una gran bahía de bolsa -88 kilómetros cuadrados- en el centro de la costa sur de la Isla, la población tuvo la singularidad de ser la única del mundo hispanoamericano fundada por colonos franceses.

El hecho ocurrió el 22 de abril de 1819 y la naciente villa recibió el nombre original de Fernandina de Jagua, el primero en honor al monarca español del momento, Fernando VII, y el “apellido” por la toponimia aborigen de la región.

Los indocubanos llamaron Jagua a la comarca en torno a la bahía del mismo nombre, término que en su dialecto significaba origen, manantial, riqueza.

Dato curioso también resulta la construcción de una fortaleza militar, el Castillo de Nuestra Señora de los Ángeles de Jagua, para proteger la entrada al puerto, en 1745, es decir, 74 años antes de iniciarse el fomento de la villa.

Tal honor fundador que correspondió al coronel de los Reales Ejércitos hispanos don Luis De Clouet, súbdito español pero hijo de padres franceses, pudo pertenecer mucho antes al criollo Laguardia.

Aquel hombre nacido en la Isla proyectó la fundación de una nueva población que se llamaría San José de Jagua y, caso de haber salido a flote, fuera en la actualidad el principal centro urbano de la región centro-sur de Cuba.

Y por ende capital de la vigente provincia de Cienfuegos.

Pero la suposición, como siempre sucede, sólo crece en el terreno fértil de las hipótesis.

De todas formas, los hechos registrados por los historiadores Pablo Díaz de Villegas y Pablo Rosseau indican que, el 26 de octubre de 1764, Laguardia sometió su idea colonizadora al Gobierno Superior de la Isla de Cuba.

La entidad política que regía los destinos de la colonia antillana la puso a consideración de la corona española el 6 de noviembre del siguiente año, acompañada de un plano confeccionado por don José Cotilla.

A semejanza de otros ilustres sucesores en tales empeños fomentadores, Pepe Laguardia pedía a cambio, para sí, el título de Conde de Jagua.

Y como dato curioso aconsejaba que la población fuera establecida una legua tierra adentro.

El pretendido colonizador asumía el compromiso de entregar un solar a cada familia, más una caballería de tierra -valuada en 100 pesos-, una yunta de bueyes, una vaca parida, seis gallinas y un gallo.

Para el primer quinquenio aseguraba que ya tendría el trazado de la villa sobre aquellas tierras rojas al oeste de la bahía, así como los principales edificios, incluyendo plaza, cárcel, corral y carnicería. Obvio que aquel proyecto se quedó en letra muerta, pero resulta curioso conocer que mucho más tarde, en 1809, el acaudalado habanero José Anastasio García Menocal, comprador de la hacienda Ciego de Juraguá a su tocayo Laguardia, tuviera también afanes fundadores en el propio sitio.

Así estaban las cosas, de proyecto en proyecto, hasta que 10 años más tarde al fin cuajó la empresa colonizadora liderada por don Luis De Clouet, quien estableció la villa originaria en la Península de La Majagua.

Tal sitio lo ocupa hoy el centro histórico de la ciudad de Cienfuegos -así comenzó a llamarse el 20 de mayo de 1829-, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en su Asamblea de julio de 2005, en Durban, Suráfrica.

Francisco G. Navarro/PL)

*Corresponsal de Prensa Latina en Cienfuegos.