Grecia votó por el cambio

GRECIA
GRECIA

La Habana, (PL) El número tres parece acompañar en la suerte al nuevo primer ministro griego, Giorgos Papandreu, dicen en broma los comentaristas.

  Resulta que es hijo de Andrea y nieto de Giorgos, dos políticos griegos que también ocuparon la misma silla de Gobierno.

Tres son además las veces que el nuevo premier se enfrentó al conservador Kostas Karamanlis, a quien ahora vence de forma contundente.

¿Es casualidad o profecía?

Yorgos y Anthi Rigas, un matrimonio de sexagenarios, plasmaron en su boleta electoral la esperanza de la mayoría de los griegos que, agobiados por la creciente pérdida de su economía familiar, apoyaron a Giorgos Papandreu, con el anhelo del cambio.

Al salir el domingo 4 de octubre del colegio electoral, la pareja declaró haber votado por el Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK), porque “Nueva Democracia no ha hecho nada.”

“Hace 20 años en este país teníamos para comer, y ahora ni eso. En Grecia no hay futuro para los jubilados, ni para la infancia, por eso hemos votado por el cambio”, añadieron.

El voto de castigo contra el conservadurismo de Kostas Karamanlis, que llevó al tercer Papandreu al cargo de primer ministro, es la expresión del deseo de los griegos por mejorar su economía.

Los últimos datos de la oficina nacional de estadística (NSS) indican que en junio el desempleo en Grecia llegó al 8,6 por ciento, y los expertos auguran que al finalizar el año -cuando la crisis se agudice- este flegelo podría continuar en ascenso, para alcanzar el nivel más alto en el 2010, con un 10 por ciento.

La peor cifra de desempleo se registra en los jóvenes de entre 15 y 24 años, con un 22,9 por ciento, un número que empeora la relación de este segmento poblacional con el Gobierno.

Varios organismos internacionales, incluidos el Fondo Monetario, pronostican que este año la nación helénica afrontará su primera recesión en 16 años.

Promesas de campaña

Los resultados electorales auguran que el signo ideológico o el color del partido no parecen haber movido a los electores, que sí escucharon ilusionados las promesas de campaña del socialista Giorgos Papandreu, quien ha dicho que en sus primeros 100 días de gobierno asegurará un programa de estímulo valorado en unos dos mil 500 millones de euros.

Con ello quiere relanzar la economía y sacarla de la actual crisis en un plazo de tres años, bajo el denominado plan Pacto de Estabilidad y Crecimiento, además de presentar al Parlamento un proyecto para controlar el gasto público y combatir la evasión fiscal.

La revisión del gasto público abarca a los militares y el recorte del déficit por debajo del tres por ciento en un plazo de al menos tres años, un objetivo harto difícil cuando los cálculos más conservadores sitúan la cifra actual en el siete por ciento, aunque algunos lo colocan en el 11,0.

El nuevo primer ministro ha dicho durante su campaña electoral que prevé también congelar los gravámenes, incluido el IVA (Impuesto sobre el Valor Añadido), que prometió no aumentar, además de combatir el fraude impositivo.

Otras de las promesas fueron la congelación de los precios de los servicios públicos durante un año y la moratoria para créditos difíciles de pagar en los hogares muy endeudados.

Este plazo es extensivo para las empresas afectadas por la crisis.

Se comprometió también a incrementar los salarios y las pensiones por encima de la inflación, actualmente en el 0,8 por ciento, y a redistribuir la carga fiscal con “una subida de impuestos para los ricos”, según reportes de la prensa griega.

Otro proyecto de ley pretende impulsar la iniciativa empresarial mediante la simplificación del sistema fiscal y la reducción de la burocracia con la creación de nuevas empresas.

Después de conocer su victoria en las urnas, Papandreu declaró: “No quiero tolerancia sino participación, porque el futuro del país es cosa de todos y tengo fe en la capacidad de todas esas fuerzas que hasta ahora estaban reprimidas por la corrupción y el despilfarro”.

También llamó a las fuerzas progresistas a que unan esfuerzos para avanzar “en este camino hacia una sociedad justa. Con estos valores podemos volver a unificar a los griegos”, dijo tras alentar a la población a mirar hacia el futuro con el grito de “pame, pame, pame” (adelante).

Consciente de los retos a los que se enfrenta en los próximos cuatro años de gobierno, Papandreu aseguró que “estamos aquí unidos ante la gran responsabilidad que yo asumo personalmente para cambiar el rumbo del país hacia un espacio respetuoso de la ley, del medio ambiente y del progreso”.

Papandreu conquistó con sus palabras a casi cinco millones de votantes, al afirmar que los socialistas gobernarán con solidaridad y los impuestos serán justos, mientras el monstruo de la administración pública desistirá de ser un sistema de clientela y la corrupción dejará de reinar en todos los sectores.

En este sentido, anunció la formación de un reducido y compacto gabinete que constituirá “un ejemplo y el primer paso hacia un nuevo modelo de administración pública”.

“A la tercera va la vencida”, reza el refrán popular.

La victoria socialista interrumpe dos mandatos conservadores desde 2004, a quienes se les acusa de pasividad en un clima político plagado de escándalos y protestas callejeras, y una inepta gestión en la extinción de los incendios forestales del 2007 y 2009.

Grecia es uno de los países europeos donde los electores supieron identificar a los responsables de aplicar políticas neoliberales y decidieron alejarlos del poder, bajo la esperanza de que el programa de centro izquierda del PASOK logre barrer con las consecuencias fatales de la mala conducción económica, apuntan analistas europeos.

El heredero político de los Papandreu llega al Gobierno tras la tenacidad de una paciente oposición sin el desgaste político de enfrentar la crisis económica y las tragedias de destructivos incendios forestales.

Mientras algunos bromistas hacen referencias al número cabalístico (tres) que lo acompaña, otros aseguran que en la economía no valen los arcanos, sino el éxito de las políticas y el ingenio de aplicar los mecanismos adecuados, porque no bastan las buenas intenciones y los discursos.

Las urnas hablaron y volverían a hablar.

Nubia Piqueras Grosso/PRENSA LATINA