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Amor en un concierto por la paz, a pesar de las fronteras

La Habana fue una ciudad desierta por disfrutar de una fiesta musical sin precedentes. En el resto de Cuba, las cosas no fueron diferentes.

La Habana fue una ciudad desierta por disfrutar de una fiesta musical sin precedentes. En el resto de Cuba, las cosas no fueron diferentes.

 

 

 

  

    

 

Más de un millón de cubanos presenciaron en la Plaza de la Revolución las más de cinco horas del segundo concierto Paz sin Fronteras, que promovió el carismático colombiano Juanes, apoyado por músicos amigos de España, Italia, Puerto Rico, Ecuador, Venezuela y Cuba.

 Juanes en CUBA “concierto por la paz” 1

http://www.youtube.com/watch?v=KlZIL2aIVEk

Juanes entrevista 2

http://www.youtube.com/watch?v=3hUFmZCAIAk&feature=related

Muchos millones más en la Isla no nos movimos de nuestras casas para disfrutar de un megaespectáculo cargado de emociones, pleno de entrega artística y humana, de repercusiones difíciles aún de calcular cuando escribo, sobre todo porque están muy frescas la vivencias generadas por ese selecto grupo de artistas visitantes y cubanos.

No describiré una fiesta que pudo disfrutar el mundo gracias a transmisiones televisivas e Internet, porque, además, resulta imposible con una simple cronología de músicos y sus interpretaciones expresar la multiplicidad de mensajes -muchos con lecturas que pueden adaptarse a cada experiencia y visión personal de las cosas.

Solo intentaré volcar en estas breves líneas algunas de las ideas que me brotaron antes y durante esa cita cultural, que ha sido y seguirá siendo polémica porque hay y habrá quienes no cambian “el odio por amor”, como reclama Juanes en una de sus más emblemáticas canciones.

Y esa es una primera gran enseñanza de esta jornada: figuras de primer nivel mundial apuestan por un mundo mejor cuando hacen suya una consigna como Paz sin fronteras, en un planeta donde la guerra es uno de los negocios más rentables para los poderosos, y más fatídicos para los pueblos.

Y lo hicieron en un país permanentemente amenazado y agredido de muchas formas a lo largo de medio siglo. Aunque aquí los disparos se escuchan solo en prácticas de tiro, se vive en estado de acoso, limitaciones y conflictos que requieren de la paz -en su sentido más amplio- para eliminarlos.

Y si fuera solo por eso, ovación cerrada merecería esa iniciativa musical. Pero hay mas, mucho mas, a la hora del balance.

Desde muy temprano vi a decenas de jóvenes de mi barrio, con ropas blancas muchos de ellos, iniciar una caminata de casi 8 kilómetros hacia la histórica plaza. No había transportación adicional ni hacía falta. Nadie preguntó por ella.

Los dispuestos este domingo a pasar el día al sol también desafiaron la lluvia que, por caprichos de la naturaleza, cayó en otros barrios pero no en la explanada de mil actos.

Con ello confirmaban el carácter movilizativo de esa expresión cultural de masas llamada música, reforzada en el caso cubano por la singularidad del lugar, el motivo y sus convocantes. Muy pocos se retiraron antes del fin del concierto, cuyo exitoso desarrollo derrotó también los nefastos augurios de los amigos y amigas del odio.

Ya me llegaron reportes de personas entrañables que viven fuera de mi país sobre este memorable acontecimiento. Los blogs y demás mecanismos modernos de comunicación interpersonal de cubanos en cualquier lugar del mundo, desde los internacionalistas a emigrados que añoran su tierra, se atestan en estas horas con un mensaje común, como el expresado por todos en la Plaza: ¡VIVA CUBA!

 José Dos Santos/ PRENSA LATINA

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