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LOLA MORA: Escultora Nacional de Argentina

Las plazas de Buenos Aires se engalanan con esculturas de una artista argentina que hubo de enfrentar los prejuicios de la sociedad de fines de siglo pasado e inicios del actual. La escultora Lola Mora (1866-1936) nació en el Obispado de Tucumán, hoy Salta, y sus obras, principalmente en mármol de Carrara y Granito, pueden encontrarse dispersas por la Argentina en Buenos Aires, Jujuy, Tucumán, Santa Fe.

Desde los veinte años estudió bellas artes en la provincia de Tucumán, de la mano del pintor italiano Santiago Falcucci (1856-1922) quien comenzó a brindarle clases particulares. Según un artículo que él publicara en la Revista de Letras y Ciencias Sociales en 1904, y que es la única fuente que reseña los primeros pasos sistemáticos de Lola Mora en el arte, en un principio le costaba ceñirse a la joven al trabajo metódico y a escondidas de su maestro, pintaba flores y “cosas de fantasía”.
En cierta oportunidad, Falcucci la sorprendió dándole forma a unas mariposas con sus acuarelas y le planteó muy seriamente si su objetivo era ser una dilettante o una artista, a lo que Lola contestó que quería dedicarse al estudio del arte y para esto estaba dispuesta a seguir sus indicaciones. Así, cuenta el pintor, comenzaría un trabajo disciplinado, abocado al dibujo y a la técnica del retrato, con inspiración en las escuelas neoclasicista y romántica italianas, de las que ella no se apartaría en toda su producción.

Continuó sus estudios luego en Roma, Italia, donde tuvo como uno de sus principales maestros al excepcional Giulio Monteverde; durante su prolongada estadía en Italia quedo imbuida del modernismo escultórico y, por sobre todo, de los ejemplos del Renacimiento y del Barroco, en especial el de las obras de Miguel Ángel y de Bernini. Ya demostradamente virtuosa en el cincelado del granito y del mármol, el gobierno argentino le encargó numerosas obras: por ejemplo en 1900 los bajorrelieves que luego adornarían el patio de la Casa de La Independencia en San Miguel de Tucumán.
Pero su obra más relevante causó polémicas moralistas, en efecto, al concretar en 1903 su monumental Fuente de las Nereidas por encargo de la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires, la sociedad aún “victoriana” consideró “licenciosas” y “libidinosas” las esculturas que mostraban (y muestran) alegremente sin recatos los cuerpos desnudos emergiendo triunfalmente de las aguas. De ellas su autora dijo: “Lamento que la impureza y el sensualismo hayan primado sobre el placer estético de contemplar un desnudo humano, la más maravillosa arquitectura que haya podido crear Dios”.

La escultura, conocida por los locales como “La Fuente de Lola Mora” hubo de ser trasladada de varios lugares por controversias que fueron comunes a lo largo de la vida artística de la escultora. Fue inaugurada el 21 de mayo de 1903 y al acto no asistió ninguna mujer, ofendidas por la desnudez de las figuras, y tampoco asistió el entonces presidente de la República, el general Roca, de quien se rumoreaba que tenía ciertas predilecciones por la escultora y que la hacía acreedora de sus favores. La obra tuvo su primer emplazamiento a poca distancia de la Casa Rosada pero la presión de las “ligas moralistas”, que además de quejarse de los desnudos de la obra no toleraban verla trabajar en pantalones en su taller, obligaron su traslado a un lugar entonces alejado: la Costanera Sur (en donde aún se encuentra tal escultural fuente). Desde esa época comenzó a padecer una suerte de ostracismo, aunque pudiendo irse de su país prefirió quedarse en su tierra.

 

Además de la obra citada, son de relevancia la escultura de la Independencia ubicada en San Miguel de Tucumán, o el conjunto de estatuas llamado Paz, Justicia, Libertad, Progreso planteadas para el edificio del Congreso Nacional en la ciudad de Buenos Aires y luego ubicadas en la ciudad de San Salvador de Jujuy, o el conjunto de esculturas realizado para su Monumento Nacional a la Bandera, proyecto ganado por ella y luego abandonado, en la ciudad de Rosario, también corresponde mencionar el primoroso tintero y portalapicero que realizó para uso de los presidentes argentinos.

 

Hacia los cuarenta años de edad contrajo matrimonio con un hombre 20 años menor que ella, Luis Hernández Otero, quien la abandonó cinco años más tarde. El acto civil se realizó el 22 de junio de 1909 y la ceremonia religiosa, al día siguiente en la Basílica del Socorro. La madrina fue Rosario Clorinda G. de Avellaneda, esposa de Marco Avellaneda, a su vez hermano del ex-presidente, y el padrino Manuel Otero Acevedo, único representante de la familia del novio. A los Otero no les agradaba la idea de ver a su hijo casado con una mujer que podría ser su madre. Tanto en el acta civil como en la religiosa, Lola Mora figura con una edad de 32 años. El matrimonio duró poco.
A pesar de no ser conocida por sus inventos, Lola Mora obtuvo varias patentes y entre sus creaciones se destacan un sistema para proyectar películas de cine sin pantalla (utilizando una columna de vapor), y sistemas para la exploración minera. Los últimos años de su vida, no obstante, los transcurrió en extrema pobreza. Una pensión le fue asignada poco antes de su muerte, acaecida el 7 de junio de 1936, siendo extremadamente pobre, mientras vivía en una pensión de la avenida Santa Fé. En 1998 el Congreso de la Nación instituyó el día de su natalicio como el Día Nacional del Escultor.
Fuente: ELLITORAL.COM

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