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El juego de Martina (Liana Castello)

                                                                

MARLA DANGOMARLA DANGO
De todas maneras, nada se comparaba a que todos estuviesen juntos, nada. Martina vivía ahora con tantos otros chicos, con sus papás separados.
Mientras tanto, el juego de la casita seguía desordenado. Un muñequito por allá, otro por acá. Una pieza en un costado, otra en otro. No se veía igual que antes, lo mismo que su familia.
Martina tardó en acostumbrarse a su nueva vida, no era fácil y tal vez nunca lo fuera, pero el tiempo en muchas oportunidades es un buen amigo y nos ayuda a entender cosas que son difíciles de entender.

Así fue. Con el tiempo Martina pudo aceptar su nuevo modelo de familia. Entendió que si bien no vivían todos juntos, ella no había perdido a su papá y si bien no era lo que ella hubiera deseado, era su realidad y lo mejor para todos era aceptarla de la mejor manera posible. Se dio cuenta que seguía contando con sus papás, que el amor que sentían por ella y sus hermanitos, no había cambiado en absoluto, que el hecho que, como pareja no se llevaran bien, no significaba que los quisieran menos, eran cosas bien distintas.
Un día, solita en su habitación empezó a mirar su casita de la familia y sus muñequitos desordenados y pensó que era hora de hacer algo.

Se paró frente a la casita y sus habitantes, los ubicó como siempre, los miró un rato largo y se dio cuenta que ahora debía ordenarlo de otra manera. Y lo hizo.
Por extraño que pareciera, aquellos muñequitos, que ya no estaban todos juntos en la misma cajita, seguían pareciendo una familia, Martina los había ubicado de tal modo que si bien no estaban uno junto al otro, tampoco estaban lejos y, sobretodo, seguían siendo piezas de un mismo juego.
Lo mismo pasó en el corazón de Martina, el tiempo y el amor de sus papás, de sus amigos y de Valentina, le ayudó a ordenar las piezas de su familia en su corazón.

Sabía muy bien que ya no era lo mismo, había crecido y había entendido muchas cosas, pero lo más importante que pudo entender fue que, aunque las cosas fueran diferentes, en su corazón, cada persona ocupaba el lugar que debía y, como en su juego de la casita, todas las piezas estaban juntas y ordenadas.
Cuando Valentina volvió a visitarla, lo primero que hizo fue darse cuenta que el juego favorito de su amiga estaba ordenado de otra manera y sabía que no había sido la mamá.

Como queriendo jugarle una broma le dijo a su amiga

-¿Pero quién desordenó esto sin mi permiso? ¡Acá la única que te hace lío con las cosas soy yo! Dijo con una sonrisa.
Martina miro a su amiga y le contestó:
-Estaba desordenado, y ya no quedaba bien en la repisa como estaba antes, le di un nuevo orden. ¿No se ve del todo mal verdad?
-¡Claro que no! ¡Lo hiciste bien amiga! Contestó Valentina, le dio un abrazó y con una guiñadita de ojos le ofreció ir a tomar un helado.
Esta vez, Martina dijo que si.

Fuente: http://www.encuentos.com

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